

5 dibujos.
Tinta y lápiz sobre papel.
70 x 70 cm.
2008
“No encontrar el camino en una ciudad no significa gran cosa. Pero perderse en una ciudad, como se pierde uno en un bosque requiere toda una educación” [1]dice Walter Benjamin. Y es que existen unos caminos o rutas que delimitan el modo de movernos. Los habitantes de la ciudad tienen unos itinerarios precisos marcados, unos carriles con unas direcciones y sentidos estipulados por los que deben circular y que anclan sus pasos en un repertorio finito de posibilidades.
Pero al modo de Italo Calvino, yo imagino una ciudad invisible en la que existen errores de trazado, esquinas en las que están condenados a chocar dos flujos que vienen en direcciones opuestas y agujeros en el suelo por lo que el peatón desaparece si tiene la desgracia de pisarlo. En ese momento los habitantes que han sufrido estos terribles accidentes provocados por algún urbanista no sabemos si torpe o rebelde también desaparecen y se unen a la ciudad invisible, que cada vez va ampliando más su población de entre rebeldes y despistados.
[1] Citado por Paul Virilio en “Ciudad pánico. El afuera comienza aquí” Libros del Zorzal, 2006. p. 13


Fin de prioridad



Ceda el paso

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